CALATAYUD
Castillo del Reloj Solo podemos identificar su planta alargada, con recintos alto y bajo. Entre sus restos distinguimos cámaras y escaleras excavadas en la roca de yeso. El Reloj Tonto es uno de los elementos identificativos de la localidad zaragozana de Calatayud. A pesar del nombre, no es un reloj. No consta de maquinaria alguna que mida el tiempo. Sí de campana, sin más, pero no suena si alguien no la toca. Se supone que de ahí le viene lo de Reloj Tonto. El caso es que de antiguo llega la tradición, porque desde hace siglos al castillo en el que está dicha campana se le conoce como Castillo del Reloj. En la actualidad, su función es la de anunciar las fiestas patronales -por eso se le oye estos días- y, en ocasiones muy especiales, tocar a celebración. A lo largo de la historia tuvo otros usos. Cuando se oía el tañir de esta campana, los bilbilitanos sabían que ocurría algo especial, unas veces fiesta, otra la advertencia de algún peligro colectivo. La campana en cuestión es veterana. Se halla en la explanada que corona el viejo castillo, curiosa construcción labrada en pleno cerro y completada con muros para reforzar la estructura y elevarla sobre el terreno. Desde la puerta de este fuerte hasta su explanada superior se sube por un estrecho y empinado pasillo: 51 escalones en total. Castillo de la Peña Sobre un cerro y en el sureste, se levantaba este Castillo del que solo queda la planta y algunas cámaras excavadas en la roca. Y sobre el que se edificó la iglesia de la Virgen de la Peña. Entre este castillo, el de Doña Martina y la Torre Mocha, se ubicaba el barrio judío, y donde además del trazado de las calles se conservan restos de su Sinagoga Mayor. Castillo de Doña Martina Situado en el centro de la medina, es el mayor de todos, con una planta alargada de 140 metros. Flanqueado al norte y al sur por los barrancos de la Rúa y de las Pozas. A diferencia de los demás castillos del conjunto, los muros son de piedra sillar de caliza, a veces aparejada a tizón, y en el lado de poniente con cuatro niveles de entramado de madera, técnicas estas que se consideran orientales. Es, posiblemente, la fundación islámica primitiva, la “qal´a” de Ayyub, del siglo VIII. Recinto de la Torre Mocha Se sitúa sobre un cerro a poniente, entre los dos barrancos, es un recinto cerrado con una alta torre octogonal en el centro, que separa el Castillo de Doña Martina de la zona urbana habitada. Castillo mayor También de planta alargada, de unos 100 metros, ocupa el punto dominante del conjunto, y, como el resto de las fortificaciones, hay que atribuirlo a la ampliación de la segunda mitad del siglo IX. Tiene dos recintos, el bajo al norte y el alto al sur, mirando a la ciudad. En los extremos de éste hay dos torreones de planta octogonal. También conserva un aljibe y restos de otro. Recinto de la Longía Del castillo Mayor parte hacia el sureste una muralla que presenta a mitad de su recorrido restos de un torreón octogonal. Acaba en un torreón cuadrado. El cierre de la hondonada se efectuó con la función de guardar el ganado en su interior. Al norte quedan dos torreones con bóvedas de cañon y abiertos al interior. Puerta Emiral Se trata de un arco de herradura, situado en la muralla y construido en piedra de yeso bien labrada, siguiendo el modelo de la puerta más antigua de la mezquita de Córdoba. Este hecho permite datar su construcción, en el año 862, no así como la de todo el Conjunto Fortificado que se inicia en el año 718 d. C. Torre Albarrana Localizada en el poniente del Castillo Mayor, está considerada como el ejemplo más antiguo de este tipo de construcción en Al-Ándalus. Tiene dos estancias, la superior con bóveda de cañón. El acceso a la terraza es por escalera intramural en “L”.